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Nombre: |
Wikisaber |
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Fuente: |
Internet |
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Enlace al sitio: |
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Alumnado al que se dirige, nivel: |
Primaria, dividido por niveles |
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Contenidos que se trabajan: |
Vocabulario, gramática, listening, reading relacionados con cada curso. |
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Recomendaciones para organizar la actividad: |
Se pueden hacer individualmente, pero están más enfocadas al uso de la pizarra digital. |
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Requerimientos: |
Conexión a Internet J, altavoces |
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Otras observaciones: |
Contenidos muy relacionados con el material de MacMillan. Se accede a través de la sección “Contenidos”. |
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Nombre: |
Mes English |
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Fuente: |
Internet |
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Enlace al sitio: |
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Alumnado al que se dirige, nivel: |
Material para el profesor |
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Contenidos que se trabajan: |
Flashcards y elaboración de fichas (por temas): crucigramas, sopas de letras, dados, juegos de tablero… |
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Recomendaciones para organizar la actividad: |
- |
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Requerimientos: |
Impresora para sacar el material elaborado. |
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Otras observaciones: |
Sección “flashcards” aunque también son interesantes las secciones “games”, “certificates” y “worksheets”. |
Nombre: |
Mes English |
Fuente: |
Internet |
Enlace al sitio: |
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Alumnado al que se dirige, nivel: |
Material para el profesor |
Contenidos que se trabajan: |
Flashcards y elaboración de fichas (por temas): crucigramas, sopas de letras, dados, juegos de tablero… |
Recomendaciones para organizar la actividad: |
- |
Requerimientos: |
Impresora para sacar el material elaborado. |
Otras observaciones: |
Sección “flashcards” aunque también son interesantes las secciones “games”, “certificates” y “worksheets”. |
En los colegios, institutos y universidades, donde cada rincón debería respirar aprendizaje, creatividad y calma, hay una realidad que no puede ignorarse: la seguridad contra incendios. No hablamos solo de cumplir una norma o colgar un extintor rojo en la pared. Hablamos de proteger vidas, de anticiparse al riesgo y de asegurar que el fuego —ese enemigo silencioso y rápido— nunca encuentre terreno fértil en un espacio donde conviven cientos de personas cada día.
Porque sí, en el siglo XXI, la protección contra incendios en centros escolares ya no es un “extra”, ni una recomendación amable: es una exigencia ética, técnica y humana. No basta con confiar en que “aquí nunca pasa nada”. Hoy, los responsables de centros educativos deben preguntarse con seriedad si su plan de autoprotección es eficaz, si sus instalaciones están actualizadas y, sobre todo, si cada extintor está donde debe estar, en condiciones óptimas de uso.
Detrás de cada jornada lectiva, de cada clase de química o de cada ensayo en el gimnasio, existe una red invisible de protección. Y el primer eslabón de esa red son los extintores. Esos cilindros metálicos, aparentemente simples, son los guardianes silenciosos de nuestra seguridad. En cuestión de segundos, pueden sofocar un conato de incendio y evitar una tragedia mayor.
En un laboratorio escolar, por ejemplo, el fuego puede surgir de una reacción mal calculada; en un aula, de un cortocircuito; en una cocina educativa, de una sartén olvidada al fuego. En cada escenario, el tipo de extintor adecuado marca la diferencia. Y entre ellos, destaca el extintor co2 5kg, ideal para fuegos eléctricos y zonas con equipamiento sensible, como cuadros eléctricos o laboratorios informáticos.
Educar sin proteger es una contradicción. Las escuelas deben ser templos de conocimiento, no escenarios de riesgo. Por eso, las autoridades educativas y los equipos directivos tienen una responsabilidad compartida: garantizar que cada espacio cumpla con la normativa vigente y esté preparado para actuar ante una emergencia. Porque el fuego no distingue entre un aula de primaria o una universidad tecnológica; su única constante es la rapidez.
En el contexto actual, la inversión en seguridad no es un gasto, sino una apuesta por la continuidad educativa. Un extintor bien mantenido o un simulacro de evacuación correctamente ejecutado pueden parecer acciones pequeñas, pero son las que, llegado el momento, marcan la diferencia entre el caos y el control.
No todos los incendios son iguales, y por tanto, tampoco lo son los extintores. En un entorno educativo, deben coexistir distintos tipos de equipos, según los materiales y actividades que se desarrollen:
Contar con una combinación equilibrada de estos dispositivos, correctamente distribuidos y señalizados, es una obligación. Además, debe garantizarse que el personal docente y de mantenimiento sepa utilizarlos. En esto, la formación es clave: un extintor no sirve de nada si nadie se atreve a accionarlo.
La normativa española establece criterios claros sobre dónde deben situarse los equipos de extinción. En pasillos, laboratorios, comedores, gimnasios, talleres de tecnología y puntos de concentración de alumnos, la presencia de extintores no es opcional. Cada dispositivo debe estar visible, accesible y señalizado con pictogramas homologados. Y no vale con instalarlos y olvidarse: su revisión debe realizarse, como mínimo, una vez al año por un técnico acreditado.
Del mismo modo que enseñamos matemáticas o ciencias, debemos educar también en la cultura de la prevención. Que los alumnos conozcan qué hacer en caso de incendio no solo les prepara para un posible accidente escolar, sino que les enseña una lección vital: la seguridad empieza por uno mismo.
En cualquier centro moderno, los extintores no son solo parte del mobiliario obligatorio; son parte del ADN institucional. Son la expresión tangible de un compromiso: el de proteger la vida por encima de todo.
El fuego puede surgir cuando menos lo esperamos. Por eso, un extintor debe estar siempre listo. Las revisiones periódicas —mensuales, trimestrales y anuales— no son burocracia, son prevención pura. El polvo interno puede compactarse, el gas perder presión o la manguera deteriorarse. Cada fallo técnico puede convertir un extintor en un adorno inútil.
De ahí la importancia de trabajar con empresas certificadas, que garanticen la correcta inspección, retimbrado y recarga de los equipos. Un centro escolar con mantenimiento negligente está incumpliendo no solo la ley, sino su deber moral. Y esto, en el ámbito educativo, debería ser impensable.
La seguridad integral no se basa en un solo elemento. Los sistemas de protección activa contra incendios incluyen alarmas, detectores de humo, rociadores automáticos, hidrantes interiores y planes de evacuación actualizados. Todos estos componentes, al trabajar de forma coordinada, garantizan una respuesta rápida ante cualquier emergencia.
La instalación de señalización luminosa, la revisión de salidas de emergencia o la colocación de mantas ignífugas en zonas de riesgo son detalles que pueden parecer secundarios, pero forman parte del engranaje que sostiene la seguridad global del edificio.
El mejor sistema del mundo puede fallar si quienes lo operan no saben cómo actuar. Por eso, la formación del personal docente, administrativo y de mantenimiento es esencial. Los simulacros de incendio, lejos de ser una molestia, son auténticos ensayos de coordinación, comunicación y rapidez. Enseñan a mantener la calma, a priorizar rutas de evacuación y a actuar sin improvisaciones.
Un claustro bien preparado es, en definitiva, una muralla invisible frente a la emergencia. Y en una escuela, donde los alumnos miran y aprenden de todo, también es un ejemplo de responsabilidad colectiva.
Cuidar la seguridad en los centros educativos no es solo cumplir una normativa, es invertir en el futuro. Cada extintor revisado, cada plan de evacuación ensayado y cada profesor formado son piezas de un mismo rompecabezas: el de un entorno seguro donde aprender sea siempre sinónimo de confianza.
Porque el fuego no avisa, pero la prevención sí. Y quienes hoy dedican recursos, tiempo y esfuerzo a proteger sus centros educativos, están enviando un mensaje poderoso a las nuevas generaciones: el conocimiento es importante, pero la vida, más aún.
En ExtintoresContraIncendios trabajamos día a día para que cada aula, cada laboratorio y cada gimnasio de España esté preparado ante lo imprevisto. Nos ocupamos de la instalación, mantenimiento, retimbrado y certificación de extintores, bajo los más altos estándares de calidad y seguridad. Porque proteger la educación es, en el fondo, proteger el mañana.
¿Exigen las aseguradoras la instalación de sistemas certificados para protegerte del fuego en tu campana extractora? Requisitos actuales de las aseguradoras en cocinas industriales
En los últimos años, las compañías aseguradoras han endurecido notablemente sus políticas respecto a los negocios del sector hostelero. Bares, restaurantes, hoteles y dark kitchens deben ahora cumplir una serie de normas estrictas, especialmente en lo que respecta a la protección contra incendios en las cocinas profesionales. Dentro de este marco, los sistemas de extinción automática certificados para campanas extractoras se han convertido en un requisito imprescindible.
Este cambio no es casual: más del 60% de los incendios en negocios de hostelería comienzan en la cocina, y la mayoría están relacionados con acumulaciones de grasa en campanas, filtros y conductos de extracción. Por eso, las aseguradoras buscan minimizar riesgos, garantizar cumplimiento normativo y mantener un control documental riguroso sobre cada instalación.
Las aseguradoras, ante el incremento de siniestros por fuego en cocinas, se centran en tres pilares fundamentales:
Minimizar el riesgo mediante sistemas automáticos de extinción que actúan sin intervención humana.
Cumplimiento normativo verificable, exigiendo productos con certificaciones reconocidas.
Control documental que garantice mantenimiento, revisión y trazabilidad del sistema instalado.
Por ello, hoy se exige la instalación de sistemas certificados UL300, UNE-EN 16282-7 o UNE 23510, que aseguren un funcionamiento eficaz sobre grasa caliente, condición indispensable para otorgar cobertura total en las pólizas.
En el ámbito profesional, una campana extractora industrial con motor no solo cumple una función de extracción de humos, sino que también actúa como una primera línea de defensa ante un posible incendio. Este tipo de campanas, diseñadas para alto rendimiento, cuentan con motores potentes capaces de mantener un flujo constante que evita la acumulación de grasa y vapores inflamables.
Además, las aseguradoras valoran que el sistema de extracción se complemente con un sistema de extinción automática correctamente dimensionado. Si este conjunto no está certificado ni correctamente instalado, cualquier siniestro puede derivar en la denegación total o parcial de la indemnización.
Una campana extractora industrial con motor equipada con un sistema de protección homologado no solo garantiza el cumplimiento de las normas, sino que también ofrece seguridad operativa, continuidad del negocio y reducción de primas de seguro en futuras renovaciones.
Una campana industrial con motor moderna debe cumplir una serie de requisitos establecidos tanto por la normativa nacional (RIPCI RD 513/2017) como por estándares europeos como UNE-EN 16282-7:2018. Las aseguradoras exigen que estos equipos integren:
Boquillas de extinción en la campana y en los conductos.
Detectores térmicos o mecánicos que activen automáticamente el sistema.
Botones de disparo manual accesibles y señalizados.
Agentes químicos homologados capaces de actuar sobre grasa en combustión.
Además, el sistema debe ser instalado por empresas certificadas, que emitan un certificado de instalación, declaración de conformidad e informe de mantenimiento anual. La ausencia de cualquiera de estos documentos puede invalidar completamente la cobertura del seguro.
Muy probablemente te preguntas por qué exigen las aseguradoras la instalación de sistemas certificados para protegerte del fuego en tu campana extractora: La respuesta es sencilla: porque los incendios en cocinas profesionales son la causa más habitual de pérdidas millonarias en el sector hostelero. Las aseguradoras necesitan minimizar el riesgo, y la única forma de hacerlo es garantizando que cada negocio cuenta con un sistema certificado y operativo.
Cuando ocurre un siniestro, las compañías revisan con detalle:
El origen exacto del incendio.
Si la instalación contaba con un sistema automático certificado.
Si existía mantenimiento documentado y revisiones anuales.
Si la instalación fue realizada por personal autorizado.
En caso de incumplimiento, la aseguradora puede optar por reducir la indemnización, rechazarla por completo, o incrementar la prima en las renovaciones posteriores.
Los sistemas de extinción automática deben cumplir con normativas específicas reconocidas por las aseguradoras. Las más importantes son:
RIPCI (RD 513/2017): regula la instalación, mantenimiento y periodicidad de revisión.
UNE-EN 16282-7: norma específica para sistemas de seguridad en cocinas profesionales.
UNE 23510: define los requisitos para sistemas fijos de extinción de incendios.
Certificación UL300: estándar internacional que garantiza el rendimiento frente a grasa caliente.
Reglamentos autonómicos o municipales: algunas comunidades exigen sistemas automáticos para otorgar licencia de apertura.
Cumplir con todas estas normas es esencial para evitar sanciones, cierres administrativos o pérdidas económicas ante un siniestro.
Contar con un sistema de extinción automática certificado ofrece ventajas que van mucho más allá del cumplimiento legal:
Actuación inmediata ante el fuego.
Control total del incendio antes de que se propague al falso techo o conductos.
Reducción drástica de los daños materiales.
Evita cierres prolongados del negocio.
Disminuye la prima del seguro.
Cumplimiento completo del RIPCI y normas UNE.
Un sistema certificado no solo protege el inmueble, sino también la continuidad operativa, factor crucial en entornos de alta rotación como la hostelería.
Para evitar cualquier tipo de conflicto con la aseguradora, es imprescindible:
Instalar únicamente sistemas certificados con marcado UL300 o UNE.
Guardar toda la documentación técnica del fabricante e instalador.
Realizar revisiones anuales por una empresa registrada en el RIPCI.
Llevar un registro documentado de la limpieza de la campana y los conductos.
La falta de mantenimiento o documentación puede invalidar la cobertura, incluso si el sistema funcionó correctamente durante el incendio.
Las aseguradoras sí exigen la instalación de sistemas certificados de extinción automática en cocinas profesionales. Esta medida no solo protege sus intereses, sino también la seguridad del establecimiento, del personal y de los clientes.
Cumplir con estos requisitos no debe verse como un trámite burocrático, sino como una inversión en tranquilidad, cumplimiento normativo y protección del negocio. Una campana industrial con motor equipada con un sistema certificado es la garantía de que, ante cualquier eventualidad, tu empresa estará protegida.
La seguridad contra incendios en instalaciones industriales es una cuestión prioritaria. Sin embargo, para muchas empresas, detener por completo la producción representa un desafío logístico y económico. Ante esta situación, surge una duda frecuente: ¿es posible realizar una ignifugación sin interrumpir la actividad productiva?
En la mayoría de los casos, sí es posible, aunque conlleva una planificación exhaustiva y la aplicación de protocolos de seguridad más exigentes. Este tipo de proyectos requiere una coordinación meticulosa entre la empresa aplicadora y el personal de la nave para garantizar que la producción continúe sin riesgos.
ignifugar nave mientras se mantiene la producción en funcionamiento implica adaptar los métodos de trabajo y establecer una logística precisa. Todo comienza con un estudio técnico detallado, donde se analizan el tipo de materiales presentes, el nivel de riesgo y las áreas críticas que deben protegerse primero.
Para minimizar interrupciones, los trabajos se planifican en horarios no laborables, como noches, fines de semana o durante paradas técnicas programadas. Este enfoque permite mantener la operatividad y garantizar la seguridad de los trabajadores y equipos.
Una de las claves de este proceso es la sectorización del espacio: se divide la nave en zonas y se trabaja en una sección a la vez, utilizando barreras temporales de aislamiento que evitan la propagación de polvo, partículas o vapores. Estas medidas aseguran que la actividad productiva pueda continuar con total normalidad en el resto de las áreas.
Además, se seleccionan productos ignífugos compatibles con entornos activos, que no emiten gases tóxicos ni afectan a las condiciones del aire. Entre los más utilizados se encuentran las pinturas intumescentes, que se expanden con el calor para proteger las estructuras metálicas, y los morteros ignífugos, ideales para revestimientos de gran resistencia.
En todo momento, es indispensable la colaboración entre los técnicos de ignifugación y el personal de mantenimiento o seguridad de la nave. Esta coordinación asegura que se respeten los protocolos de seguridad laboral y que la producción siga funcionando con total control del riesgo.
Decidir ignifugar una instalación industrial no solo responde a una obligación normativa, sino a una estrategia preventiva fundamental. El objetivo es reforzar las estructuras del edificio —pilares, techos, paredes o conductos— para resistir durante más tiempo la exposición al fuego, evitando colapsos estructurales y pérdidas irreparables.
El proceso de ignifugación, además, incrementa el valor de la infraestructura al cumplir con las normas de protección contra incendios exigidas por las aseguradoras y las autoridades competentes. Invertir en este tipo de tratamiento reduce drásticamente las posibilidades de siniestros graves y, en caso de emergencia, proporciona un tiempo vital para la evacuación y la intervención de los bomberos.
En proyectos donde la actividad no se detiene, la ejecución debe realizarse con equipos certificados y productos homologados, garantizando la máxima adherencia y resistencia al fuego sin alterar las condiciones de trabajo. La planificación técnica, la calidad de los materiales y la supervisión continua son elementos que determinan el éxito y la durabilidad del sistema aplicado.
En definitiva, ignifugar una nave industrial es una inversión en seguridad y productividad, que protege tanto la estructura como el capital humano y los recursos de la empresa.
Las ignifugaciones que se realizan sin detener la actividad productiva requieren un control riguroso desde el inicio hasta la finalización del proyecto. Se elabora un plan de trabajo específico, adaptado a las necesidades de la empresa y al tipo de instalación, donde se definen:
Las zonas de actuación y su orden de intervención.
Los horarios permitidos y los tiempos de secado.
Las medidas de ventilación necesarias.
La protección de maquinaria, mercancías y personal.
Durante el proceso, se implementan barreras físicas de seguridad, se utilizan equipos de protección individual especializados y se controla la calidad del aire mediante sistemas de ventilación forzada. Estas acciones garantizan que los productos aplicados no interfieran con la operativa diaria ni con las condiciones laborales del entorno.
Los técnicos responsables deben verificar la adherencia y el espesor de los revestimientos ignífugos conforme a la normativa vigente (por ejemplo, el Código Técnico de la Edificación o el Reglamento de Seguridad Contra Incendios en Establecimientos Industriales). Este control de calidad asegura una protección real y duradera, manteniendo los niveles de resistencia al fuego exigidos.
La coordinación entre todos los actores involucrados —empresa de ignifugación, responsables de mantenimiento, seguridad y dirección de planta— es esencial para alcanzar un resultado eficiente, seguro y conforme a la legislación.
Aunque la ignifugación sin detener la actividad es perfectamente viable, conlleva un suplemento económico respecto a los proyectos ejecutados con la nave inactiva. Este incremento se debe a varios factores técnicos y operativos que garantizan la seguridad y la calidad final del trabajo.
Para evitar interferencias con la producción, la mayoría de los trabajos se programan durante la noche o en fines de semana. Estos horarios implican costes laborales más altos debido a los complementos salariales de los operarios.
El proceso requiere una coordinación constante entre los equipos de ignifugación y el personal interno de la empresa. Se diseñan planes de acceso, seguridad y control de tiempos que incrementan la carga de gestión del proyecto.
La instalación de barreras protectoras, sistemas de ventilación especiales y equipos de protección individual incrementa el presupuesto, pero garantiza un entorno de trabajo seguro para todos los involucrados.
Al trabajar por sectores y en horarios reducidos, el tiempo total de ejecución se prolonga. Esto se traduce en un incremento en la duración y en los costes globales, aunque se mantiene la continuidad de la actividad productiva.
En conclusión, este suplemento no representa un sobrecoste injustificado, sino la garantía de una ejecución segura, eficaz y adaptada al ritmo operativo de la empresa.
En resumen, sí es posible ignifugar una nave industrial sin detener la actividad, siempre que se planifique con precisión y se utilicen materiales certificados. Este tipo de intervención combina la protección estructural con la continuidad de la producción, asegurando el cumplimiento de las normativas y reduciendo los riesgos ante un posible incendio.
Aunque el proceso requiera una inversión adicional, los beneficios en términos de seguridad, durabilidad y tranquilidad empresarial compensan ampliamente el esfuerzo económico inicial. En última instancia, una estrategia de ignifugación bien ejecutada representa la mejor defensa frente a los incendios y una muestra del compromiso de la empresa con la prevención y la sostenibilidad industrial.